Hablar de publicidad en eventos deportivos es pensar, inevitablemente, en la Super Bowl. No existe otro acontecimiento capaz de concentrar tal volumen de audiencia global, conversación social y presión creativa en apenas unas horas. Para las marcas, estar en la Super Bowl no es solo comprar un espacio publicitario: es entrar en la cultura popular.
La edición de la Super Bowl 2026 vuelve a confirmar por qué este evento sigue siendo el gran laboratorio de la industria publicitaria, combinando innovación tecnológica, nuevas formas de consumo y una escalada de inversión sin precedentes.
Publicidad más allá de la televisión tradicional
Uno de los grandes cambios en la publicidad deportiva es la fragmentación de la audiencia. Ya no todos los espectadores viven el evento de la misma manera, y la Super Bowl 2026 lo refleja perfectamente.
Esto es algo que la cadena NBC sabe y por eso será la encargada de retransmitir el partido tanto por televisión lineal, como por streaming. Con la particularidad de que aquellos que sigan el encuentro a través de Peacock, la plataforma de streaming de NBC, podrán ver anuncios distintos a los emitidos en la televisión convencional.
Este enfoque confirma una tendencia clara: el streaming no solo amplía el alcance del evento, sino que permite segmentar mejor los mensajes, adaptarlos al contexto y ofrecer nuevas oportunidades a marcas que antes no podían acceder a este tipo de escaparate.
Inversiones millonarias que buscan impacto cultural
La Super Bowl sigue siendo el lugar donde las marcas apuestan fuerte. Algunas compañías han llegado a pagar más de 10 millones de dólares por un solo espacio publicitario, según ha confirmado Mark Marshall, responsable global de publicidad de NBC. Una cifra que, lejos de parecer exagerada, responde a una lógica clara: la Super Bowl no se mide solo en audiencia, sino en recuerdo, viralidad y conversación posterior.
Los anuncios no terminan cuando acaba el partido. Se comentan en redes, se analizan en medios especializados y se convierten en casos de estudio durante años. Para muchas marcas, ese “afterlife” del anuncio es incluso más valioso que el impacto inicial.
El poder de las celebridades como acelerador de marca
Las marcas saben que en esos pocos segundos tienen que sacar la artillería pesada y todas las herramientas y recursos posibles para lograr ser memorables. Por eso en 2026, el uso de estrellas internacionales vuelve a ser una de las claves para maximizar el recorrido de las campañas. La presencia de figuras reconocidas permite que los anuncios trasciendan del evento y conecten con públicos que van más allá del target deportivo.
En esta edición podremos disfrutar de la participación de Sabrina Carpenter en la campaña de Pringles, o la colaboración de Rumi, del fenómeno K-pop Demon Hunter, con Liquid IV. Estas alianzas no solo refuerzan la notoriedad de marca, sino que facilitan la difusión orgánica en redes sociales y plataformas digitales, donde los fans amplifican el mensaje de forma espontánea.
Sectores que dominan la parrilla publicitaria
Como ya es habitual, algunos sectores lideran la inversión publicitaria durante la Super Bowl. Según las declaraciones de Marshall, en 2026, los grandes protagonistas vuelven a ser:
- El sector tecnológico, con mensajes centrados en innovación, inteligencia artificial y conectividad.
- El sector farmacéutico, cada vez más presente en grandes eventos de masas.
- El sector del bienestar, que conecta directamente con estilos de vida saludables y autocuidado, una narrativa muy alineada con el deporte.
Esta combinación refleja cómo la Super Bowl funciona como un espejo de las prioridades sociales y económicas del momento.
El responsable de publicidad de NBC, también ha explicado que aproximadamente el 10% de los anuncios de la Super Bowl se destinaron a anunciantes locales, una estrategia que en Peacock se vendió con una rebaja respecto a los espacios televisivos tradicionales.
Estrategia de paquetes para eventos
NBC, propiedad de Comcast, ha ido un paso más allá en su enfoque comercial. La cadena no solo ofreció espacios publicitarios para el gran partido, sino que creó paquetes que combinaban la Super Bowl con otros grandes eventos deportivos.
En el mismo mes, NBC retransmitirá también los Juegos Olímpicos de Invierno y el All-Star de la NBA, lo que permite a las marcas diseñar estrategias de presencia continuada, reforzando mensajes y optimizando la inversión. Este enfoque confirma que la publicidad en eventos deportivos ya no se concibe de forma aislada, sino como parte de ecosistemas de impacto a gran escala.
El espectáculo del intermedio: un evento dentro del evento
Si los anuncios son protagonistas, el show del descanso es el gran catalizador emocional de la noche. En la Super Bowl 2026, el protagonismo de Bad Bunny en el espectáculo del intermedio añade una capa extra de atractivo global, especialmente entre el público joven y latino.
El halftime show no solo eleva la audiencia, sino que multiplica la visibilidad de las marcas asociadas directa o indirectamente al evento, reforzando el carácter cultural de la Super Bowl.
Mucho más que fútbol americano
La Super Bowl demuestra, año tras año, que la publicidad en eventos deportivos es una herramienta de branding, innovación y storytelling difícil de igualar. En 2026, la combinación de streaming, segmentación, celebridades, inversiones récord y estrategias multiplataforma confirma que este evento sigue marcando el camino del sector.
Para las marcas, la Super Bowl no es solo un partido: es el momento en el que la publicidad deja de interrumpir y pasa a formar parte del espectáculo. Y ahí está, precisamente, su verdadero poder.
