Greenwashing, la pandemia verde de los últimos años

Es, en los últimos años, cuando hemos experimentado una creciente ola de conciencia medioambiental en el público general. Quizás la preocupación y el miedo por el futuro del planeta han sido los desencadenantes de despertar en la mayoría de nosotros una gran responsabilidad colectiva.

Así nace el nuevo perfil de consumidor, que preocupado por la crisis verde en la que estamos sumergidos, ha reorganizado sus prioridades, orientándolas a revertir o frenar el cambio climático.

Este paradigma prácticamente nuevo, pone en jaque a las empresas, las cuales se encuentran en el punto de mira de a las exigencias medioambientales, ya que, por su poder capital y su relevancia, son un eslabón fundamental para el cambio.

Como la mayoría sabemos, las presiones sociales y estatales que sufren desembocan muchas veces en prácticas deshonestas que son cuidadosamente escondidas bajo un alegre marketing verde.

Estamos hablando del famoso Greenwashing, táctica en auge en la última década.

Bajo una imagen impecable y llamativa, muchas empresas campan a sus anchas, llevando a cabo todo tipo de prácticas que poco tienen que ver con el compromiso.

Estas estrategias toman distintas formas. Algunas de ellas son:

  • Lenguaje ambiguo. El uso de palabras como natural, bio y eco resultan altamente atractivas para el consumidor, pero pocas veces van acompañadas de un significado detrás que las justifique.
  • Símbolos e imágenes engañosas. Las etiquetas verdes, los paisajes de naturaleza o la aparición animales evocan una serie de pensamientos relacionados con el medioambiente.
  • Enfocarse solamente en un aspecto de la sostenibilidad, dejando de llevar a cabo el resto de las acciones verdes.

Todo esto junto con la falta de transparencia, no sólo inducen a error a los consumidores, sino que también socava los esfuerzos de las empresas verdaderamente comprometidas con la sostenibilidad.

Los consumidores que compran productos greenwashed pueden creer que están teniendo un impacto positivo, cuando en realidad no es así, y cada vez resulta más difícil distinguir entre los productos verdaderamente respetuosos con el medio ambiente y los que se limitan a explotar la tendencia verde para obtener beneficios económicos.

El Greenwashing también puede tener graves consecuencias para el medio ambiente. Al engañar a los consumidores haciéndoles creer que sus compras son respetuosas con el medio ambiente, los anima a seguir con pautas de consumo insostenibles. Esto contribuye a la degradación de los recursos naturales y a la aceleración del cambio climático.

Para identificar y evitar ser partícipes de esta estrategia, los consumidores deben estar informados y ser críticos a la hora de tomar decisiones de compra. Esto se traduce en leer detenidamente las etiquetas de los productos e investigar para entender qué significan realmente las afirmaciones de las empresas. También es importante buscar en los productos, certificaciones de terceros, como la Norma Textil Orgánica Mundial (GOTS) o el Consejo de Administración Forestal (FSC), que verifican que los productos son realmente respetuosos con el medio ambiente.

En conclusión, el Greenwashing es un problema grave que tiene repercusiones negativas tanto para los consumidores como para el medio ambiente. La solución debe abordarse simultáneamente. Desde las empresas, deben ser más conscientes y rendir cuentas por sus malas prácticas y en el caso de los consumidores, adoptando un papel activo de denuncia y compromiso y así acabar con el blanqueo ecológico.

Solo generando conciencia y compromiso conseguiremos frenar estas prácticas y devolver al planeta su futuro.

Raquel Blázquez

Diseñadora Gráfica

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