En un mundo donde cada impacto publicitario compite por captar la atención de audiencias sobreexpuestas, las marcas y agencias enfrentan un gran desafío: comunicar de manera eficiente. Y la solución no es única, pero sí evidente: adecuar el mensaje al público y al canal en el que se transmite. Porque si algo hemos aprendido, es que un mensaje genérico no conecta; un mensaje personalizado, sí.
Conociendo al público objetivo
El primer paso siempre es el mismo: entender a quién nos dirigimos. Tener claridad sobre el mensaje es importante, pero analizar a fondo al público lo es aún más. ¿Por qué? Porque cuanto más detallada sea la segmentación, más sencillo será diseñar un mensaje que hable su idioma.
Si nos enfrentamos a una audiencia amplia, lo mejor es dividir y personalizar. Crear diferentes mensajes con el mismo trasfondo, adaptados a los códigos de cada grupo, puede marcar la diferencia. Por ejemplo, un tono informal puede ser efectivo, pero con matices: no llamarías «digamelón» a alguien de la Generación Z, ni «bro» a un boomer. Los códigos importan, y respetarlos puede ser el puente entre captar la atención o perderla.
El canal sí importa
Además de hablar el idioma del público, también debemos adaptarnos al medio. No es lo mismo un anuncio para televisión que un post para redes sociales, ni un formato exterior que un anuncio en radio. Y, en el entorno digital, esta máxima se vuelve aún más evidente.
Cada plataforma tiene su propia lógica y estilo de comunicación. LinkedIn no es TikTok, y tampoco deberíamos tratarlos como si lo fueran. Por eso, antes de lanzar un mensaje, es esencial comprender los códigos del canal y ajustarnos a ellos.
Para lograrlo, hay tres aspectos clave a considerar:
- Formato: Respetar las especificaciones técnicas de cada plataforma. No es negociable.
- Tono y estilo: Aunque el público objetivo sea el mismo, el canal dicta el cómo.
- Llamada a la acción (CTA): Un buen CTA varía según el contexto del medio y puede ser decisivo para generar interacción.
Un ejemplo claro está en redes sociales. Puede parecer lógico reutilizar un vídeo de Instagram para TikTok, pero no funcionará igual. Aunque la marca hable al mismo público, el contenido debe adaptarse a las características de cada plataforma. Mientras Instagram apuesta por el impacto visual y el aspiracional, TikTok valora la originalidad, la cercanía y el entretenimiento.
El poder de medir y ajustar
Toda estrategia efectiva tiene algo en común: la medición. Analizar el desempeño del mensaje en cada canal es esencial para entender si está cumpliendo los objetivos. Y lo más importante, esta evaluación nos permite ajustar y optimizar en tiempo real, corrigiendo el rumbo si fuera necesario.
La receta de la eficiencia
La verdadera eficacia publicitaria radica en ofrecer un mismo mensaje en diferentes versiones, adaptándolo tanto al público como al canal. Es un proceso que exige creatividad, análisis y flexibilidad, pero cuyos resultados hablan por sí solos. Porque, al final, el éxito no está en gritar más fuerte, sino en decir lo que cada uno necesita oír, justo donde lo quiere escuchar.