El 25 de enero es un día señalado en el calendario para nuestro sector, ¡celebramos el Día de la Publicidad! Por ello, hemos decidido echar la mirada atrás y volver a los inicios de este mundo que a tantos nos ha cautivado. ¿Cómo nació este sector? ¿Cuándo se profesionalizó? Si eres un amante de la publicidad, continúa leyendo porque esto te interesa.
Cuando pensamos en publicidad tradicional, nuestra mente se va a los ya históricos anuncios de televisión, vallas publicitarias que se han vuelto icónicas o incluso, puede que algún jingle que no ha dejado de sonar en la radio. Para otros, la visión que tienen de la publicidad tradicional no es más allá de un mundo de glamour, ideas brillantes y fiestas, al más puro estilo Mad Men.
La realidad es que ni los inicios de la publicidad estaban plagados de perfiles como el de Don Drapper, ni es tan glamuroso como se presentaba en la ficción.
Los primeros indicios de publicidad se remiten a las civilizaciones griegas y egipcias, cuando los comerciantes promocionaban su llegada a la ciudad y los productos que vendían. En la Edad Media, el pregón era el método más habitual para comunicar las novedades de lo que sucedida en la ciudad, pero si hay un momento clave para el sector, ese fue la Revolución Industrial. Con la producción en serie llegó el momento de promocionar de un modo más directo todos esos productos que se creaban, por lo que se produjo un boom en el sector de la publicidad.
Los primeros soportes publicitarios
La prensa y las vallas fueron los primeros soportes para todos esos anuncios que empezaban a nacer. El 16 de marzo de 1652 se publicaba el que está considerado el primer anuncio de prensa, en el Weekly News, que promocionaba la venta de un libro para la eliminación de plagas. En el caso de las vallas hubo que esperar a 1835 para ver el primer anuncio, el del circo Barnum.
Es sobre esta fecha cuando nacen las primeras agencias de publicidad. La primera está considerada la agencia de Volney Palmer, creada en Filadelfia en 1841, que ayudaba a sus clientes a gestionar la colocación de sus anuncios en los periódicos.
Así es como nació el mundo de la creatividad, considerándose a artistas, escritores y diseñadores gráficos los primeros creativos de la historia. En los inicios del sector la imagen era quizás lo más importante ya que intentaban captar la atención de una manera visual y novedosa. Con el tiempo, surgió la figura del redactor creativo, que se encargaban de complementar las imágenes con esos textos que ponían la guinda al comercial.
¿Y la radio?
Otro de los primeros soportes publicitarios fue la radio. Gracias a los transistores llegaban las noticias a millones de hogares, ¿por qué no incluir publicidad? Así fue y con ella nacieron los anuncios de pago. Las marcas comenzaron a pagar por anunciarse durante los programas, entendiendo el potencial que tenían estos espacios para influir en la percepción de los consumidores.
La publicidad llega a la televisión
En 1941 fue el año en el que la publicidad llegó a la televisión. Justo antes de la emisión de un partido de béisbol, se mostraba un reloj con la voz en off de la locutora. Estos 10” llegaron a 4.000 hogares de la ciudad de Nueva York, lo que supuso un nuevo hito en el mundo de la publicidad. Esto solo fue el inicio de las pausas publicitarias en televisión, hasta llegar a convertirse en uno de los formatos más efectivos.
Además, el primer anuncio televisivo, nos deja claro la importancia de los eventos deportivos. Hoy en día continúan siendo uno de los grandes entretenimientos de los consumidores, lo que supone una gran oportunidad para las marcas. Ejemplo de ello, son los precios que se pagan por un anuncio en el descanso de la Súper Bowl, donde un espacio de un 30” segundos puede costar en torno a 7 millones de dólares.
A partir de aquí, el resto es historia. Desde el desarrollo de la era digital y la llegada de Internet, la posibilidad de soportes ha aumentado exponencialmente. Banners en diarios online, anuncios en redes sociales, publicidad programática… Hoy en día las opciones para darse a conocer son casi infinitas, llegando a albergar plataformas que jamás hubiésemos imaginado.